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martes, 29 de noviembre de 2011

CUARTA PARADA. Tercer capítulo. De Papeete a Moorea.

Cuando nosotros planificamos nuestro viaje, todas las referencias que consultamos (foros de Internet, otros afortunados viajeros, etc) coincidían en lo mismo: si bien cuando aterrizas en Papeete (Tahíti) ya empiezas a flipar con lo que ves, además de que la propia isla de Tahití es muy bonita, lo mejor está un poco más allá del Océano, en otras islas de la Sociedad: Huahine, Raiatea, Tahaa… Bora Bora y Moorea. Todas estas islas rivalizan en belleza para llevarse el codiciado apelativo de “la perla del Pacífico” (que actualmente ostenta Bora Bora, por cierto), pero dado que las que mantienen una lucha más encrespada son precisamente Bora Bora y Moorea nosotros optamos por visitar estas dos últimas y ver si así podríamos emitir un voto por una u otra.
Por ello, nosotros no vamos a ser menos y os recomendamos que “no perdáis” más allá de un día para visitar Tahití y pongáis pronto rumbo a cualquiera de estas joyas que escojáis.


Además os recomendamos que visitéis Moorea, a parte de porque sabemos que no os arrepentiréis,  llegar desde Papetee es sencillísimo. Las dos principales opciones que existen son bien coger un avión, bien desplazaros en ferry desde el puerto de Papeete. La primera opción os llevará cosa de 10 minutos de vuelo, y la segunda media hora de trayecto además de ahorraos unos cuantos euros de más (el pasaje en ferry por persona viene a costar en torno a los 10 euros). Varias son las compañías que operan en este trayecto, pero sin embargo lo que os podemos recomendar es que vayáis al puerto y preguntéis directamente, ya que entre unas y otras los horarios están totalmente cubiertos y es cuestión de escoger la que más os interese.
Así que no os olvidéis, ya estáis en el paraíso y ahora sólo toca disfrutar, también de este trayecto y de las vistas tan maravillosas de la isla de Moorea que con las que os deleitaréis. ¡Ia Orana!

P.D. Un consejo más : si finalmente optáis por disfrutar de un día por Tahíti, bien porque os apetece bien porque no os queda más remedio si dependéis de horarios de vuelos de llegada o salida, una visita inexcusable que tenéis que realizar es al Mercado de Papeete. El ambientillo es muy chulo, tanto por dentro como por fuera, pero es que además viene al pelo para hacer esas típicas compras de recuerdos o regalos que no podéis dejar de hacer por nada de este mundo: sobre todo, visitad la segunda planta, allí encontraréis cientos de puestos de artesanía, desde collares y pulseras, pasando por pareos, figuritas talladas en madera, máscaras tahitianas, nácar, etc, hasta los famosos ukeleles a muy buen precio (una vez de vuelta en casa, no tendréis más que hacerlo sonar un día triste y gris para que volváis a sonreír, ¡garantizado!) 

martes, 15 de noviembre de 2011

CUARTA PARADA. Segundo capítulo.

Como os hemos comentado, quizá esta fuera una de las paradas de nuestro viaje de novios que más nos impresionó: realmente llegamos a considerar que estabamos en el paraíso, como lo oís, y si no fuera por lo que puede llegar a tirar la tierruca (como diría aquel que no quiero ni mencionar…) y la familia, a buen seguro hubiéramos dejado todo atrás para quedarnos a vivir en el paraíso, precisamente.
Pero bueno, sin ánimo de ponernos demasiado metafísicos, vamos a comenzar a daros algún que otro dato que os pueda resultar de interés.
Lo primero de todo se trata de cómo llegar, obviamente. En toda la Polinesia Francesa el único aeropuerto que recibe vuelos internacionales es el Aeropuerto Internacional de Papetee, que tampoco os vayáis a pensar que es un peazo aeropuerto, vamos, que se parece más al aeropuerto de Santander que otra cosa…. Pero bueno, los aviones aterrizan, que es lo que nos importa!



Varias, aunque poquitas, son las compañías que operan en Papeete, bien ellas mismas o a través de convenios. Las dos principales, las autóctonas podemos decir, son Air Tahiti y Air Tahiti Nui, aunque también nos encontramos con otras con mucho peso con Japan Airlines, Quantas, LAN, Air France o, la nuestra, Air New Zealand. De todas formas, para volar desde España a la Polinesia, sea cual fuere la compañía escogida, es cierto que al menos una escala (normalmente en EEUU, principalmente en Los Ángeles) no te quita nadie, pero bueno, en esto de los vuelos las combinaciones pueden ser realmente infinitas!

Y una vez que tocas suelo tahitiano mientras un buen hombre recibe a los turistas tocando el ukelele y una buena mujer agasaja a todos los recién llegados con una tiaré (esa flor blanca que tan bellamente Gauguin inmortalizó en sus cuadros), entonces es cuando te das cuenta que sí, que estos chicos del blog llevaban razón y efectivamente estás en el paraíso, ayyyy…

viernes, 28 de octubre de 2011

CUARTA PARADA DE NUESTRA HONEY MOON: NI MÁS NI MENOS QUE TAHITI (LA POLINESIA FRANCESA).

Sí, pequeñas almas viajeras, habéis leído bien: ¡hemos estado en la Polinesia Francesa! Incluso nosotros mismos nos lo tenemos que repetir de vez en cuando porque aún no nos podemos acabar de creer que hubo un día en el que tocamos el cielo con las manos… Y es que, a pesar de alguna noticia un tanto macabra que, casualmente, últimamente ha salido en la prensa sobre turistas alemanes devorados por polinesios caníbales (vamos, más propio de un guión de Tarantino…), Tahiti representa el cielo en la tierra, ni más ni menos. Así que, sintiéndolo mucho por vosotros, nuestra intención a lo largo de los siguientes posts es poneros los dientes un poco largos (sólo un poco, eh, no os vayáis a pensar que somos mala gente…) recordando las dos principales escalas que hicimos en Tahiti, que además coinciden con dos de las islas que con más renombre cuentan: Moorea y Bora Bora.  
Con ello, además, os intentaremos convencer de que merece la pena ahorrar unos cuantos euritos (si la situación de cada cual lo permite) y visitar este rincón de mundo en medio del Pacífico. Sabemos que este destino muchas veces es, creemos, injustamente considerado como elitista, y es que es cierto que los billetes de avión ya te pueden costar un pico (como todo destino que implique atravesar medio mundo), pero también os intentaremos mostrar que haciendo las cosas con un poco de antelación y teniendo algo de atino en encontrar alguna oferta decente, creemos que nadie se puede morir sin haber estado en Tahiti, es decir, sin saber cómo es el cielo… Así que, rumbo al Pacífco y ¡Ia Orana!

P.D. “Ia Orana”, frase más que necesaria si se piensa visitar Tahiti, es un comodín estupendo, ya que vale por un hola, buenos días, buenas tardes, buenas noches, adios… ¡ay, cómo son estos polinesios!



jueves, 15 de septiembre de 2011

CAPÍTULO QUINTO. La reserva termal de Te Puia.

De vuelta con nuestra excusión en nuestro superautobús de lujo con los chicos de City Discovery dejamos atrás a las pobre ovejitas nuevazelandesas y pusimos rumbo a la reserva termal de Te Puia, un lugar precioso.



Te Puia no se trata de un lugar turístico sin más, es un lugar sagrado para los maoríes que también alberga un instituto de investigación y promoción de la cultura maorí. Este lugar tan especial sirve al visitante para recibir una explicación de primera mano y conocer algo más de esta cultura ancestral (según nos explicaron, algunas teorías sostiene que los orígenes del pueblo maorí se encuentran en el pueblo español, ala…), que mezcla lo divino y lo mortal en ese gesto tan guerrero y agresivo que ofrecen al visitante como muestra de respeto y bienvenida. Así que, sí, tuvimos la suerte de presenciar algunos de los típicos bailes maoríes, tipo los que hacen los All Blacks al empezar sus partidos y que acojonan un poquito, con perdón… Pero lo cierto es que esta visita nos gustó mucho, tanto que ¡al final picamos y compramos un montón de máscaras y objetos maoríes para la familia, es que son muy bonitos…!
También os diremos que en la reserva termal podréis además admirar tremendos geysers (sin acercarse demasiado, eso sí), y puede que alguno por allí pueda “oler a George Bush” (es que olía mucho a azufre, digo…), sin olvidarnos del pajarito kiwi, que de vez en cuando regala su preciada presencia a los curiosos visitantes.

Pues hasta aquí llegamos con nuestras propuestas contrastadas y muy recomendables para la isla norte de Nueva Zelanda. Sabemos que nos quedaron un montón de ellas por hacer, pero esas las dejamos para próximas ocasiones, y es que nos fuimos de aquel país sabiendo que algún día volveríamos… ¡Kia Ora, Aotearoa!





domingo, 4 de septiembre de 2011

NUEVA ZELANDA. ISLA NORTE. DE EXCURSIÓN POR WAITAKO Y ROTORUA. Capítulo cuarto.


Como la primera recomendación de Roberto nos salió tan bien y acabamos tan contentos (o tan contentillos, según se mire…) decidimos hacerle caso en otra propuesta que el buen hombre nos formuló para otra excursioncilla de un día, aunque ésta está más cargada de contenido, a decir verdad.

(tren a vapor que aún se mueve por New Zealand).

Veamos, esta excursión está organizada por otra compañía que ofrece varias alternativas por la zona, se trata de City Discovery, y dentro de su oferta, nosotros nos decantamos por la que suponía… ¡conocer a los maoríes! Así que de nuevo nos pusimos en marcha, y, otra vez en la zona de Devoport, cogimos un macro autobús con asientos tremendos de cuero, casquitos para seguir la explicación de la excursión en castellano, y una azafata que nos cebaba continuamente, y comenzamos esta excursión por los interiores de la isla norte.


La primera de sus paradas comprende las famosas cuevas de Waitomo (en la región de Waikato), dentro de las cuales se visita la Cuevas de Glowworn o Cueva de las Luciérnagas, según se quiera. Claro, este peculiar nombre lo recibe por algo, y es que la parte final del recorrido que se hace por las cuevas es en un barquito por un río subterráneo, todo a oscuras, con las cabezas muy agachadas… contemplando miles de gusanitos luminosos en sus techos, ¡algo muy bonito!. En la parte primera de esta visita también se hace un pequeño recorrido por parte otras partes de estas cuevas, ésta a pie, entre ellas una gran sala de estalactitas y estalagmitas que, según nos contaron, tiene una acústica perfecta y en ella se suelen celebrar conciertos y bodas, muy curioso.

(la foto está sacada de la web de la cueva, ya que dentro está prohido sacar fotos para no matar a los bichillos).

Aunque para curioso, al menos para nosotros, fue la segunda parada de esta excursión: una granja nuevazelandesa, para ser exactos, visitamos el Agrodome Farm Tour, una experiencia única... Y es que ya os habíamos advertido que un país con 4 millones de habitantes y 10 millones de ovejas tiene, entre otros, a la mantequilla como orgullo nacional. Bueno, esta parada nos resultó bastante pintoresca como os decíamos, pero bueno, echamos un ratillo simpático. Así que entre alguna que otra avestruz, alguna alpaca y algún que otro bisonte, pudimos ver como el campeón neozelandes del año anterior en esto de esquilar ovejas nos esquilaba una en vivo y en directo ¡en menos que canta un gallo! Ayyy, estos neozelandeses…




Pues nada, como habéis comprobado que esta excursión nos dio mucho de sí, dejamos la tercera parada de esta excursión para un nuevo post, ¿os hace?

domingo, 28 de agosto de 2011

NUEVA ZELANDA, ISLA NORTE. Capítulo 3, la isla de Waiheke.

Nos vino al pelo conocer a Roberto, el bellboy in carge (o algo así se decía) de nuestro hotel en Auckland, además de un chico colombiano majísimo que nos ayudó con nuestra estancia en Auckland desde el minito uno que pisamos el hotel y nos dio consejos muy buenos, como éste que os vamos a proponer.

Se trata de una excursión para un día (6 o 7 horas) a la vecina isla de Waiheke, que por su nombre parece más una isla paradisíaca en pleno Pacífico –al menos eso es lo que nos pareció a nosotros- pero que resulta ser una isla muy apreciada por los “nor-nuevazelandeses”, de suelo muy rico, llena de viñedos y demás cultivos, por lo tanto, productora de vino (algo era ello…). Claro, haceros una día, nosotros, riojanos de pura cepa, nos proponen una excursión para probar vinos, ¡con lo que nos gustan!, además del buen renombre que están alcanzando los vinos nuevazelandeses, ¡pues qué íbamos a decir, que para adelante!


Son varias las empresas que organizan estas excursiones, pero nosotros la hicimos con Fullers, como imaginaréis, guiándonos por la recomendación de Roberto (según él, la más completa). La excursión incluye los billetes de ferry (a la hora señalada, como decía aquel) para llegar hasta la isla, desde el Terminal de ferrys de Devonport, y os diremos que casi por este viajecito ya merece la pena la excursión, porque las vistas de la bahía de Auckland son preciosas.

Y, nada, una vez allí, un chofer de un microbús (el nuestro fue Otto, un tío alemán majísimo que se perdió por NZ, si os toca dadle recuerdos de los “spanish people”) recoge a la gente que se ha apuntado a la excursión y ¡a beber vino!. La bodegas que normalmente se visitan son Stonyridge Vineyard (aquí también os darán un pequeño “lunch”, vamos, un bocata y alguna cosica más para comer), Wild on Waiheke (con “cata” de vino y de cerveza –por cierto, malísima-) y Mudbrick Vineyard, que recordemos. Personalmente, el vino que más nos gustó fue el de la primera bodega, de Stonyridge Vineyard, que por otro lado resultó ser la única bodega que encorchaba con tapones de corcho: y muchos diréis, vamos, a lo que estamos acostumbrados de toda la vida en España, pero a ellos les resultaba muy curioso y excepcional: igual por eso y por alguna cosita más era la que mejor vino producía, digo…

No os vamos a decir cómo acabó la excursión, pero es cierto que el viaje en ferry de vuelta marea más que el de ida… En resumidas cuentas, una excursión bonita para un día y una excusa perfecta para beber vino nuevazelandés.




¡Hasta el próximo capítulo!

miércoles, 24 de agosto de 2011

NUEVA ZELANDA, ISLA NORTE. Retomamos el camino comenzado.

Sí, es cierto, ya sabemos que a muchos os dejamos con la miel en los labios cuando interrumpimos las andanzas vividas en nuestro viaje de novios, y que además de dejar Nueva Zelanda (isla norte) a medias, no os contamos nada de Sidney, Tahiti o Los Ángeles… De nuevo, muchos perdones a todos, tanto cambio de vida nos ha dejado trastocaditos largo tiempo,  pero ¡volvemos para no marcharnos!


Como bien os contamos en su día, en nuestro viaje de novios tocamos por poco tiempo Nueva Zelanda, y quizá su parte menos conocida de cara al turista, su isla norte. En cualquier caso, pese a ser una parada bastante fugaz la recomendamos a todo el mundo, tanto si el destino es Nueva Zelanda en sí mismo como si es una escala posible en un viaje a la zona del Pacífico, merece la pena pararse en esta zona y visitarla por un par de días o tres, teniendo como base su capital administrativa, Auckland.


Pues eso, en los dos próximos post (que por cierto, se irán publicando mientras recopilamos nuevo material para este blog, es decir, mientras nos vamos de vacaciones a Alemania, jeje) os contaremos un par de excursioncillas de un día que se pueden hacer por los alrededores de Auckland y de las que se puede sacar chispas, así que ¡¡¡no os mováis de vuestros asientos, que hemos vuelto con todas las consecuencias, je!!!



viernes, 6 de noviembre de 2009

NUEVA ZELANDA / ISLA NORTE. Cap 2. Auckland, y sólo Auckland.

¡¡ia orana!!

Hace relativamente poco vimos en “Madrileños por el mundo” que esta vez se animaban a visitar Nueva Zelanda, y se centraban en la isla norte, igualico igualico que nuestro segundo destino de nuestro viaje de novios, pero tan igualico que tocaron todos los destinos que tocamos nosotros, ¡parecía a propósito!, ¡imaginad los brincos de alegría que dábamos en el sofá!

Bueno, nos toca centrarnos un poco en su capital administrativa, Auckland.

Auckland es una ciudad curiosa, como casi todas las ciudades de origen anglosajón no cuentan con casi historia (cien, doscientos años desde los primeros asentamientos de “colonos”, así que no busquéis el casco histórico…), extensísima (aunque por el centro te mueves andando sin problema) y bastante poblada para Nueva Zelanda, un millón de habitantes largos. En la visita de la ciudad no merece la pena invertir más de un día aunque, como hicimos nosotros, podéis echar un par de días más para conocer la isla norte, hay partes muy bonitas.

Lo más interesante de Auckland es pasear con tranquilidad por su city, pararse un ratito en sus tiendas en las que encuentras productos maoríes y mucho, mucho producto “derivado” de las ovejas (yo me compré unas botas muy chulas, forraditas, muy calientes), y, como no, entrar a la tienda de los All Blacks y llevar camisetas a tu familia, ¡el rugby y la mantequilla, orgullo nacional!. Curiosamente, al contrario de lo que “puede pasar” con sus vecinos australianos, los nueva zelandeses están muy orgullosos de los pobladores originarios de la isla, los maoríes, y se encuentran muy integrados socialmente, se conservan sus costumbres, incluso se mantienen los nombre originales. Tanto el Auckland Art Gallery Toi o Tamaki, cerquita de Albert Park, como Auckland Museum tienen exposiciones permanentes maoríes, sitios bonitos y curiosos.

Pero, sin duda alguna, lo que imprime carácter a Auckland es el mar, su puerto deportivo y todas las actividades que se hacen en torno a él. Desde el “tour-safari” en busca de ballenas y delfines más allá de su puerto (¡ánimo chicos, alguno conseguiréis ver alguna ballena!), hasta la escalada del Puente del Puerto (también podéis tiraros de él haciendo puenting, para los más atrevidos), pasando por una vista panorámica increíble de la ciudad y más allá subidos a su Auckland's Sky Tower (por supuesto, también desde aquí os podéis tirar, ya os decimos que a estos nueva zelandeses les van los subidones de adrenalina!), como algunos ejemplos considerables.

Bueno gente, ya veis que por hacer, se pueden hacer unas cuantas cositas en esta ciudad, y ¡¡¡¡¡el que se aburre es porque quiere!!!!

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Nueva Zelanda / Isla Norte. Cap.1

ia Orana! (o bienvenidos, vamos, lo mismico…)

De vuelta a las andanzas de nuestro viaje de novios, tenemos que reconocer que se nos encoje un poquito el corazón cada vez que nos acordamos de los sitios tan preciosos que visitamos y lo de felices que fuimos, ¡snif snif! Vale, sí, bonito pero ñoño, pero es la verdad…

Bueno, finalmente una tarde bastante húmeda abandonamos Hong Kong bastante tristes pero con expectación ante la idea de poner un pie en nuestras antípodas, en Nueva Zelanda (Aotearoa, la “gran nube blanca”, en Maorí). Sinceramente, el viaje fue uno de los más pesados que hicimos, no demasiado largo, unas 10 horas, pero tuvimos la inmensa mala suerte de que en nuestro vuelo fueran tres bebes, que consiguieron ponerse de acuerdo para llorar durante TODO el viaje, uno detrás de otro, de manera consecutiva…

Llegada a Auckland: sinceramente, a poco más nos da un patatús al bajar del avión, imaginad el cambio de pasar de Hong Kong (una sensación térmica de 40º) a Auckland, con su otoño bastante avanzado y unos 5-10 graditos.

El aeropuerto de Auckland, con sus dos únicas terminales (vuelos internacionales / vuelos locales) está un poco apartado de la ciudad, a unos 20 o 30 km. y es justo decir que muy mal comunicado a no ser por el servicio de taxis, esto sí, un servicio impecable, coches limpísimos y los taxistas todos ellos educadísimos e impecablemente vestidos, incluso con traje.

Y por fin llegamos a nuestro hotel, el Westin Auckland Lighter Quay, uno de los mejores hoteles de la capital, nuevito y muy bien organizado, en pleno puerto deportivo y, por lo tanto, uno de los sitios más chics de la ciudad, como todos los hoteles de nuestro viaje, muy recomendable y, ¡no os asusteis!, a precios asumibles

Tal y como dicen las guías turísticas, Auckland es lugar de paso obligado para todos los turistas que viajan a Nueva Zelanda y, a su vez, la gran desconocida de este país: no os diremos que merece la pena echar una semana aquí, pero hubiera sido una pena no haber parado en ella…

Os intentaremos convencer en capítulos sucesivos, hasta entonces “Haere ra” (o hasta luego en maori)!!!!

lunes, 10 de agosto de 2009

Hong Kong. Capítulo 4. Mini-ruta gastronómica.

Bueno chicos, a algunos probablemente se os estuviera haciendo la boca agua con parte de nuestra aventura mundial, y como Hong Kong toca su fin (por nuestra parte y sólo de momento...) hemos decidido cerrar nuestra épica visita con otra parte que nos chifla, la gastronómica (¡cómo no...!)

Cierto es que demasiado no os podemos aconsejar puesto que tan sólo anduvimos por aquellas tierras un par de noche, pero ello no quita para que os podamos dar un par de buenos consejos.

En primer lugar, os animamos a que desaparezcan de todas las cabezas falsos tópicos con respecto a la comida “china” porque: A) no tiene nada que ver con la que conocemos en España y, B) para nada están todo el día comiendo bichitos (bueno, nuestro buen amigo Michael se extrañaba cuando en España devoramos el pulpo, cada uno tiene sus bichitos), más bien es una comida cada vez más elaborada, cosmopolita y abierta al mundo, como ocurre con las cocinas de todos los países.

Si os pillara de paso o os apetece acercaros, os sugerimos que visiteis el restaurante del hotel donde estuvimos alojados, el Hotel W Hong-Kong, con cada uno de sus dos peazo de restaurantes. El restaurante Kitchen se encuentra en la planta 6 del hotel, junto a la recepción, pero dispone de unos fantásticos miradores a los muelles de carga del puerto de Hong Kong y sus astilleros, toda una chulada. Además, podrás incluso sentarte a cenar en la mesa junto a la cocina, literal, mientras el cocinero se dedica a lo suyo. Por su parte, el restaurante Fire, este en la planta baja del edificio del hotel, suple el hecho de no tener vistas con una decoración bastante sibarita y moderna. En ambos, platos exquisitos con productos locales, pero con exquisitos toques ya presentes en la cocina internacional.

Ahora bien, si vais a Hong Kong daros el enorme placer de comer o cenar en uno de los mejores restaurantes de toda la ciudad y con unas vistas más que espectaculares. El restaurante Aqua Hong Kong se encuentra situado en la planta 29 y 30 de uno de los edificios que miran al puerto en la Pekin Road, 1 (totalmente céntrico, al lado de Nathan Road y del puerto), creemos que el único tan alto de la ciudad, increíble e impactante.

De ambiente igualmente sibarita, merece la pena gastarse unos euros (o dólares de Hong Kong) por semejante homenaje gastronómico. El servicio es exquisito (en realidad, todos los chinitos hongkoneses nos trataron de maravilla), puedes degustar incluso platos italianos, pero recomendamos encarecidamente que os decantéis por los platos de pescado y maricos de la zona (carta Aqua Tokyo). Para chulear un poco, nosotros tuvimos la inmensa suerte que durante nuestro paso por Hong Kong, el chef del restaurante era temporalmente Alberto Hernández, español, y discípulo entre otros de Adriá. Un genio el tío, aparte de simpatiquísimo, nos atendió personalmente, nos explicó la carta entera (necesario para nosotros... ) y nos preparó el estupendo menú desgustación, ¡¡¡¡ de chuparse los dedos ¡!!

Un pequeño consejo: pedir a la gente del hotel donde os alojéis que os reserven mesa, suele estar bastante lleno.

Tod Tse a Alberto, a chinito hongkones majo majete fan de Fábregas, al otro chinito que nos ayudó por la calle, al chinito-tú botones de nuestro hotel, a nuestros hermanos por su regalazo... ¡Gracias por dejarnos conocer Hong Kong! ¡Volveremos!

jueves, 16 de julio de 2009

Hong Kong. Capítulo 3. Hong Kong y Kowloon.

De nuevo por Hong Kong, cierto es que tanto la mayor parte de los hoteles, así como los principales puntos de interés turístico se encuentran repartidos entre la isla de Hong Kong y la península de Kowloon.
Como lo primero es llegar, si vuestra vía de entrada en la ciudad de Hong Kong es el aeropuerto, sabed que existe un tren rapidíiisimo, de estos chinos, el Airport Express, que te lleva al mismo corazón de Hong Kong en veinte minutos y por un precio bastante módico, sobre los 15€ ida y vuelta.Bueno, ahora que hemos llegado, ya podemos empezar a patear nuestras avenidas de gigantes. Principalmente os recomendaremos lo que nosotros hicimos, y esperamos que si alguno de vosotros ha estado en Hong Kong y nos puede hacer sugerencias para nuestro próximo viaje, así lo haga.
La parte de la isla de Hong Kong es recomendable recorrerla andando, al menos por la zona que se corresponde con el "corazón financiero" de la ciudad. Es increible ir andando a la sombra de los inmensos rascacielos mientras miles de chinitos salen de su oficina a por la comida, y todos ellos miran y sonríen al turista con pinta de turista. Por esta zona podéis recorrer Hollywood Road, una calle llena de tiendas de anticuario a la que se accede por callecillas empinadas llenas de puestos de comida, de esa china, un poco guarreta, pero que no sabe mal. En esta calle encontrareis entre otros, el Templo de Man Mo, dedicado al dios de la literatura (Man) y al dios de la guerra (Mo). Eso sí, pequeño consejo para todos los templos que visitéis: tened cuidado con las inmensas barras de incienso que cuelgan del techo de estos templos, ya que como caiga algo de ceniza sin apagar puede quemar un poquito.
En esta isla también se encuentra el Soho alrededor de la calle Staunton, ya sabéis, todo lleno de tiendas y restaurantes, ¡un típico Soho!
Pero sin duda, lo más espectacular de esta isla son los rascacielos de grandes empresas, bancos, que pueblan esta parte de la ciudad y que son los que a la noche se iluminan y bailan al son de la música para iluminar el Victoria Harbour. Recomendable, sacarse unas fotos a los pies de la mítica torre del Banco de China.Ya en Kowloon conviene hacer unas cuantas visitillas, eso sí, en metro. Aquí las distancias son bastante largas y, como ya os hemos comentado, el metro es sencillísimo de utilizar y totalmente seguro, al igual que el resto de la ciudad. Nos gustó principalmente, el Tai Sin Temple (parada de metro Wong Tai Sin) y los jardines de Lian Nian (parada de metro Diamond Hill), ya que se trata de templos en los que puedes dejarte llevar por el remanso de paz que allí se respira en medio de la caótica ciudad. Eso sí, ¡jamás dejaremos de estar rodeados de rascacielos!Finalmente, no dejéis de hacer ninguna visitilla a los mercados nocturnos que se abren en la ciudad, de verdad, totalmente seguros y totalmente recomendables, no porque vayais a encontrar grandes gangas sino por lo curioso de los mismos, todo lleno de puestitos chinos con artículos de lo más variopinto y curiosos, una cosa muy simpática para visitar. Por daros algún ejemplo, os recomendamos el "Mercado de los Hombres" o Mercado nocturno de Temple Street (estación de metro Jordan), el "Mercado de las Damas", en la calle Tung Choi (estación de metro Mong Kok), o el "Mercado de Jade" en la misma Jade Street (estación de metro Yau Ma Tei), aunque a este tendréis que ir un poquito antes ya que cierra a las cinco de la tarde.Bueno chicos, con esto tenéis para un día o dos por Hong Kong, depende del ritmo al que os lo toméis, aunque os recomendamos que lo hagáis con calma para poder disfrutar todo lo que vuestros ojos vean y para que no os de una lipotimia por el calor tan inmenso que hace.
Nos vemos en el cuarto y último capítulo de Hong Kong...

miércoles, 8 de julio de 2009

Hong Kong. Capítulo 2. La isla de Lantau.

Como muchos sabréis, la ciudad de Hong Kong está compuesta por un entramado de islas, unas más grandes y conocidas, como la propia isla de Hong Kong, Kowloon o la isla de Lantau, y otras más chiquirritajas, aunque igualmente llenitas de rascacielos.
En este segundo capítulo contaremos alguna cosilla de esta última isla Lantau, última de nuestras visitas en nuestro viaje a la ciudad de los gigantes.
La isla de Lantau se encuentra próxima al aeropuerto internacional de Hong Kong (también situado en una isla, ésta artificial, pero al fin y al cabo todo islas...) y es una visita recomendable para vuestro último día en Hong Kong si vuestro vuelo sale a última hora de la tarde para aprovechar esas horitas entre la salida del hotel correspondiente y la salida del avión.


De acceso sencillisímo, tanto en taxi (para moverse hacia esta parte de la ciudad habría que coger los taxis azules desde el aeropuerto o los rojos desde Hong Kong) como en metro (es muy fácil y barato moverse por el metro de Hong Kong, todo está perfectamente indicado y además pulcrísimo, estos chinos que son muy escrupulosos con la limpieza, ¡todo desinfectado!).
Los destinos mas chulos para visitar en Lantau son, principalmente, el macroteleférico que te lleva al Buda Gigante y la antigua aldea de pescadores de Tai O.
Por confiarnos demasiado con el tiempo, no pudimos finalmente visitar este pueblito de los que se supone son los primeros pobladores de Hong Kong y que no se han pasado a los rascasielos, más bien se han quedado en esas cabañas tradicionales construídas sobre grandes estacas encima del agua, pero lo hemos dejado pendiente para nuestro próximo viaje a Hong Kong (que esperemos que abarque más China...). En cualquier caso, para aquellos afortunados que puedan ir, tan sólo es coger un autobús, el número 11, en la misma boca del metro de Tung Chung, en Lantau.
Ir a visitar al Buda gigante es aún más sencillito: tan sólo hay que coger ese bestial teleférico, el Ngong Ping Cable Car, tambien a la salida del metro de Tung Chung, cerrar un ratito los ojos si se tiene mucho vértigo (vaaa, unos veinticinco minutillos de trayecto ascendente sobre montañas o mar, viendo a pescadores con gorritos chinos de paja, una cosa llevadera...) hasta llegar a la terminal del teleférico y andar otro ratito, 268 escaleras incluídas, para llegar a los pies del gran Buda de cobre, el más grande al aire libre que existe en el mundo con 38 metros de altura.

Pero no os asusteis, el sofocón que se pasa hasta llegar a nuestro destino merece la pena ya no sólo porque la pequeña estatua sobrecoge un pelín, sino porque las vistas desde esta altiplanicie de Ngong Ping son increibles, con toda la montaña de Lantau a tu alrededor y con vistas sobre el mar de Hong Kong y sus miles de islas, en las que no estaría mal perderse en uno de esos barquitos chinos de velas rojas...

Qué increible que eres, Hong Kong, ¡pero volveremos! De mientras, os dejamos con la miel en los labios hasta nuestro tercer capítulo en la ciudad de los gigantes.

martes, 23 de junio de 2009

Hong Kong. Capítulo 1. Symphony of Lights

Hong Kong desde Kowloon

Esta impresionante imagen es lo primero que vimos en nuestro viaje alrededor del mundo. El espectáculo más grande que hemos visto con nuestros ojos. Es la isla de Hong Kong, vista desde el Paseo de las Estrellas de la isla de Kowloon, en la inmensa ciudad de Hong Kong.
Nuestra llegada fue con nervios, después de un largo viaje en avión desde Londres. Al llegar, todo era distinto a lo visto hasta ahora, y nos encantó nada más llegar. Desde el aeropuerto nos dirigimos en taxi (los taxis azules te llevan a las islas de Kowloon y Hong Kong) a nuestro hotel. Bueno, hotel... hotelazo, "W" de la cadena Starwood. Un altísimo edificio de 78 plantas totalmente novedoso, moderno y tecnológico.
Bueno, después de ubicarnos, fuimos directos a ver el espectáculo de luz y sonido de la ciudad de los rascacielos. Y la verdad, no nos defraudó para nada. Dura unos 20 minutos, y puedes ver como esos "gigantes" de entre 300 y 500 metros de altura se iluminan al compás de la música.
El espectáculo se llama "Symphony of Lights" y es diario, a las ocho de la tarde. La mejor ubicación para verlo es desde el paseo de las estrellas de Kowloon. No tiene pérdida. Además, en dicho paseo podréis disfrutar de la estatua en honor de Bruce Lee.
¡Imposible perderselo!

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